Cuando la ciencia ficción llegó a los ayuntamientos o el sueño de una noche de mayo

Aunque el Big Data no acaba de arrancar y usar los datos en las instituciones y servicios públicos para mejorar el funcionamiento de la Administración parece que aún no es una prioridad en las agendas políticas y la administración electrónica se ha convertido más en un quebradero de cabeza que en una solución que nos facilitará las cosas.

A mí, me dio por soñar una experiencia administrativa donde lo sensorial, lo digital y lo social, se entremezclaban en todo el proceso público.

Más allá de la mera transacción administrativa y burocrática, imaginé un mayor contacto con las personas y reforzar el nivel de servicio que se había trasformado completamente, no solo con el uso de la tecnología sino también mediante la humanización de los espacios, que eran más acogedores y agradables y la ciudadanía se sentía única y coparticipe en cada experiencia que desarrollaba con su administración.

El papel de la tecnología

En todos esos nuevos espacios que soñaba las personas utilizábamos los teléfonos inteligentes, las tabletas, los asistentes por voz y los wearables (relojes inteligentes,  zapatillas de deportes con GPS incorporado, pulseras de salud y otros artilugios a los que nos conectábamos y que estaban monitoreados por una plataforma soportada por inteligencia artificial), y los Ayuntamientos sacaban valor de ellos, convirtiendo estos elementos en sus aliados.

Ni que decir tiene que la administración electrónica, estaba completamente implantada, nada se nos resistía ya y la protección de datos estaba controladísima.

A través de diferentes soluciones se habían creado ayuntamientos inteligentes gracias, entre otras tecnologías, al Internet de las Cosas (IoT). Mediante la conexión de diferentes objetos como carteles digitales, departamentos inteligentes, espacios con realidad virtual, gestores de turnos, cuenta personas o sensores que identificaban a la personas para enviarles informaciones personalizadas, habíamos convertido a la ciudadanía, más que nunca, en la protagonista de la gestión municipal. Cada persona tenía asignado un personal officer (algo así como un personal shopper de la administración) que te acompañaba y asesoraba en toda tu experiencia administrativa.

Es más, habíamos superado el Internet de las cosas y habíamos pasado al Internet del Todo. La diferencia era sencilla y consistía en que el Internet de las Cosas (IoT), sistema de comunicaciones entre máquinas, operaba dentro de un sistema más complejo: el Internet del Todo (IoE), que analizaba la relación entre los dispositivos conectados y las personas que los utilizaban.

Trabajábamos en las ya conocidas Smart Cities, aplicaciones de sistemas IoT en el entorno urbano, que monitorizaban parámetros relativos al tráfico, el trasporte, la iluminación, la calidad del agua y tantas otras cosas. A través de sensores distribuidos por la ciudad se recogían grandes cantidades de datos que se convertían en claves para entender el funcionamiento de la sociedad y su hábitat, sus necesidades y sus preferencias. Los gobiernos utilizaban las herramientas de IA para procesar estas enormes cantidades de información. Y esto ayudaba a la clase política, a los y las asesoras y al funcionariado a la toma de decisiones y se proyectaban acciones futuras pensadas para el bien común.

 Asociaciones y sinergias entre canales

La estrecha relación entre los canales de comunicación hacían que la experiencia del administrado ya no fuera algo lineal, sino un proceso que entremezclaba lo digital y lo presencial y lo sensorial dando lugar a la búsqueda online que acababa en una gestión presencial o, todo lo contrario, realizaban el tramite on line tras haber realizado una visita al Ayuntamiento. A la ciudadanía le encantaba acudir al ayuntamiento, porque cada vez que iban les sorprendían con nuevas experiencias 😉

Marketing digital cerca de las tecnologías: ayuntamientos inteligentes

El marketing digital, que se utilizaba como vía de legitimización social de la acción administrativa y de rendición de cuentas a la ciudadanía, era una tendencia capaz de generar un mayor impacto en la relación entre administración y administrado/a procurando una gestión eficiente y eficaz y facilitando la evaluación de las políticas públicas y de gobierno.

Utilizando aplicaciones genéricas del marketing público, aplicado sobre todo en los supuestos en que la eficacia social de un servicio público dependía en gran medida de la conducta de la ciudadanía, se identificaban los grupos de interés implicados en la formulación e implementación de políticas públicas; se utilizaba para gestionar niveles de calidad del servicio con prestaciones flexibles y reciprocidad; se identificaban las necesidades y demandas de la sociedad para su posterior satisfacción; se segmentaba el público para anticipar nuevas tendencias y necesidades y enfocar las acciones al público objetivo; se establecían sistemas de información y estrategias de relaciones más personalizadas, predictivas y participativas, etc.

El marketing mejoraba los productos, programas y servicios resultantes de la actividad del gobierno local y se situaba cerca de las tecnologías, como las aplicaciones de geolocalización, el Internet de las cosas o el big data.

Se habían implantado plataformas de ayuntamientos inteligentes sobre las que se iban contratando nuevas soluciones o servicios y el proyecto era  modular y escalable y se iba adaptando a las necesidades que iban surgiendo. Resolviendo prioridades tecnológicas pero que permitía crecer sobre la misma solución.

Se había perdido el temor que teníamos de tirarnos al vacio sin saber muy bien hacia dónde íbamos y ya no había miedo a equivocarse. El Ayuntamiento ya era inteligente.

Así era la nueva experiencia al entrar en un ayuntamiento que seducía

Cuando una persona acudía al ayuntamiento del municipio en el que estaba pensando vivir y empadronarse y quería conocer que podría encontrar en su pueblo o ciudad  ya no tenía que enfrentarse a una web estática o a un catálogo de servicios para acabar de convencerse. En vez de imaginar lo que le ofrecerían, que servicios ponían a tu disposición o como sería su barrio mirando fotos o descripciones, podía vivir una experiencia inmersiva y recorrer virtualmente el Ayuntamiento, el colegio al que irían sus hijos, los parques o mercados, los polideportivos cercanos, las bibliotecas, los teatros o centros culturales, interactuar con ellos y conocer los servicios que tendría a su disposición, las actividades de ocio y tiempo libre que se proponían e incluso contactar con las asociaciones o grupos que le explicarían de primera mano sus proyectos de barrio.

Había espacios virtuales de participación y decisión sobre temáticas publicas de interés social donde podían aportar ideas, o sumarse a las ya expresadas que eran tenidas en cuenta a la hora de gestionar los presupuestos municipales y poner en marcha proyectos públicos.

La realidad aumentada y los mecanismos y experiencias inmersivas estaban en todas las experiencias de servicios y se utilizaban métodos que integraban las capacidades de IA en el tejido social.

El ayuntamiento del futuro

Gracias a la interacción entre el usuario y el ayuntamiento a través de toda esta tecnología, el ayuntamiento inteligente conocía mejor a sus administrados a quienes podía ofrecer una mejor experiencia y un trato más personalizado en sus próximas visitas y las personas también conocían y confiaban más en la administración y se responsabilizaban, colaboraban y participaban en la gestión municipal.

Al estar conectados con los sistemas del Ayuntamiento, los dispositivos IoT recordaban las preferencias del usuariado y sus intereses por anteriores experiencias y, al cruzarlas con la selección de servicios, les ofrecía informaciones puntuales con un alto nivel de personalización y eficiencia.

La IA a la ayuda de las políticas públicas

Puestos a soñar, soñé que los gobiernos lideraban la demostración de las aplicaciones de la inteligencia artificial en sus interacciones con los ciudadanos y ciudadanas e invertía lo suficiente en infraestructura para apoyar y proporcionar servicios basados en inteligencia artificial.

Incluso utilizaban herramientas de inteligencia artificial para el desarrollo e implementación de políticas públicas como estrategia del gobierno para aumentar el bienestar de las personas.

Aplicaban esa IA a la ciencia, la educación, la tecnología y la información para  el desarrollo de políticas sociales que ayudaban a impulsar el desarrollo y distribución de la  riqueza que se generaba y supervisaban la homogeneidad y transparencia en el desarrollo de actividades y uso de recursos, asegurándose que las políticas establecidas eran lo suficientemente flexibles y los resultados medibles, de acuerdo con el avance tecnológico del día a día y los beneficios eran repartidos entre toda la sociedad.

Existían software que analizaban y definían variables y formalizándolas se traducían en algoritmos que sugerían a la clase política las mejores opciones para alcanzar los objetivos o para reparar o revertir situaciones no deseadas, basadas siempre en el bienestar de las personas pero también adaptadas a las necesidades individuales de cada una de ellas.

Aquí decidí despertar, tal vez porque no era capaz de vislumbrar hasta dónde podía llegar todo esto tal vez porque, hace casi 70 años, Isaac Asimov ya soñó algo parecido. O, simplemente, porque me acorde de una frase que tengo escrita en la pared de mi estudio: No rain, no flowers y pienso que la Administración Local en general, en todos estos temas, esta bastante falta de riego.

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